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RECUERDO DE PUMANQUE

​Pumanque era ya antiguo el ochocientos,   
según Balbina Fuentes, ilustre amiga,
también sufrió Pumanque en la Reconquista.
Manuel Rodríguez cuentan, 
a Pumanque  iba,
porque una hermosa niña
de amor cautiva
por él penaba.
Una vez los realistas lo persiguieron
y como se arrancara
a un pariente suyo
crueles prendieron  
y lo colgaron en un espino cabeza abajo.
Amenazaban 
con incendiar Pumanque 
si alguien lloraba.
Las damas pumanquinas vistieron luto 
hasta un día después
de Chacabuco.

Un terremoto  el año veintidós
golpeó a Pumanque.
El Director O’Higgins acongojado,
Planeaba  hasta allá un viaje a ver los daños.
Los pelucones  no lo dejaron. 
Malditos pelucones,
ayer, ahora y siempre tan…

Y con los sacudones del terremoto,
en “La Viñita” –dicen- se formó un pozo,
ancho y no muy profundo, 
arena gris al fondo,
el agua opalescente,
casi fría en verano,
casi caliente en pleno invierno.
Durante el plenilunio, si alguien bajaba
y en la arena del fondo quieto yacía, 
cuando abría los ojos,
veía la luna sobre el agua del Pozo,
y jamás olvidaba
el paraíso irreal que lo envolvía,
como si el mundo entero allí estuviera
y las cosas más bellas que se pudieren ver
las contemplara en torno. 

Se atrevieron no muchos
a la experiencia.
Esos que la cumplieron
se iban al poco tiempo, quien sabe donde,
porque jamás volvían.
Marchaban decididos a su destino
cantando alegremente por el camino. 
El novecientos  seis, un terremoto
secó el Pozo bendito.
Se extinguió desde entonces
aquel prodigio.

Hace tres siglos,
en el “Rincón del Sauce” quieta vivía,
una linda mujer muy poderosa,
capaz de transformarse
en cualquier cosa.
Aunque tenía mil años,
algunas veces 
parecía niñita de doce a trece.
Poseída una vez de atroz locura,
transformada en un perro
correteó al cura.
Cuando ya lo alcanzaba
saltó al camino un puma…
“Apensionada “,
al otro día la bruja, 
miraba hacia la iglesia
muy rasguñada.

En un cerro de Llope
una gran cueva
en los años bisiestos
su boca abría,
brotaba  un humo negro.
Muy de mañana 
un rugido horroroso 
a los llopinos 
dejaba temblorosos
Al terminar el día,
salían de ella tres hombres:
uno negro, uno blanco,
otro algo pobre.
Esos tres bienhechores
a mujer que …
la llenaban por dentro

de oro y piedras preciosas
Si las damas lloraban
esas joyas salían 
por donde se imagina
envueltas solo en rosas,
jamás espinas.

Una bella mocita era Balbina,
cuando vio a Balmaceda
en viaje a Llico,
deseaba unir el Lago
con el Pacífico.
De Vichuquén las brujas lo maldijeron…
La gran Laguna sigue azul y pura,
azul y transparente.
De Vichuquén las brujas 
actuaron bien.

El novecientos cuatro llegó la peste
y caía la gente débil o fuerte.
En un cerro cercano los enterraron. 
Durante noventa años, 
el cerro se cubrió
con las más lindas flores en primavera:
lahues, tahayes, huillis
y rojas alstroemerias.

La amiga Rudecinda panes hacía,
dignos del rey de Francia
por lo sabrosos
y su hija María 
unos tragos de fábula
que paliaban los males más dolorosos.
Cada mañana,
con mis grandes amigos,
mis únicos amigos: Lucho y la Nana, 
comíamos los panes blancos, crujientes
que no comía en Chile ni el presidente.

Don Elías Lazo Urzúa, corazón de oro, 
doña María Tila, corazón de oro, 
de Pumanque y Colchagua un gran tesoro. 

Carmela Piña,
a los múltiples hijos de sus patrones
supo amar y cuidar
como, tal vez,
nadie antes o después de ella lo hiciera.
Sin embargo, Carmela
en esta vida 
no tuvo jamás suerte,
siendo muy joven, se encontró con la muerte.
Dios la premió:
entre los querubines sitial le dio.
Esos ángeles bellos, 
mañana y tarde
a la santa Carmela, 
con reverencia,
le dicen madre.

 

En el “Pasondo” –cuentan-
se vio diez veces,
un gato bigotudo comiendo nueces. 
Brevas maduras comió aquel gato
en una noche oscura. 
Archisabido: él prefería
saborear melones 
a degustar ratones. 
¿Dónde estará ese gato,
el gato Karamelo 
¿Vivirá aún en la tierra?
¿Vive en el cielo?

Junto a Pumanque,
en la Quebrada de Marielita,
al lanzarse del borde a la arena del fondo,
en un segundo, 
se ve cualquier lugar del mundo 
que ver desee un hombre.
Así conocí… Talca, París y Londres.

 

En el siglo dieciocho, 
cuando el rey expulsara a los jesuitas, 
dos de ellos se escondieron 
en la Quebrada de Marielita. 
En ese sitio, sabemos ya, 
existía un embrujo. 
Los jesuitas quedaron presos
y todavía viven.
Algunos días,
en el fondo se ven, 
lamentándose a gritos
por la crueldad del rey. 
El rey ya es polvo, 
polvo también la ley hace siglos dictada.
Cuando alguien se  aproxima
para informarlos de su extravío,
ellos desaparecen.

 

De todos los misterios acaecidos
en la Quebrada de Marielita
o el Pozo de la Luna,
cosa ninguna fue más extraña 
que la existencia de una niñita 
de apariencia inocente,
que mostraba al reír 
más de mil dientes. 
Vivía en una casa 
siempre cubierta de copihueras, 
floridas en invierno,
estío y primavera.
Moraban en la casa,
cuatro gatos bizarros
de ojos celestes. 
Cada verano,
bandadas de choroyes “gorgeaban” desde el cielo.
Nunca bajaban
a picar las mazorcas de los maizales,
por temor a esos gatos 
de ojos celestes fenomenales.
La amorosa niñita cumplía su parte, 
aterrando a los loros –y a mucha gente-
cuando al reír mostraba 
sus diez mil dientes. 
Vivía aquella niña, no angelical,
con su anciana abuelita. 
¡Qué cosa extraña!
Nadie vio nunca abuela y nieta juntas.
La anciana llegó un día 
recomendada por Monteagudo.
Cincuenta hombres gallardos 
le construyeron
una casa de piedra con diez salones.
A las habitaciones
las “alujaron” con la riqueza 
usada por la gente de la nobleza.

 

Después se fueron
por la “Quebrada de Marielita”. 
Por ahí mismo, al día siguiente, 
apareció la tierna nieta sonriente, 
abastecida con cien mil dientes
Todas las noches, 
la misteriosa abuela, al “Pozo de la Luna”
escondida llegaba
a beber de sus aguas. 
Cosa sabida: 
el terremoto del año seis secó el Pozo bendito.
Días más tarde,
los pumanquinos se dieron cuenta
que nadie había visto abuela o nieta.
Partieron a buscarlas. 
Al entrar a la casa, 
junto a la puerta,
muerta y ya vuelta polvo
a una anciana encontraron.
Dijeron tantas cosas…
¿Fue la niñita la forma astral
de una hechicera anciana
que nutría su magia del “Pozo de la Luna”?
Dijeron tantas cosas…

 

Los cuatro gatos de ojos celestes
alcanzaron a huir
por la “Quebrada de Marielita” 
y sin mirar siquiera los jesuitas allí cautivos,
continuaron corriendo.
Hoy día están  en pleno Paraíso,
en compañía del Falte Prodigioso,
del gato Karamelo,
esperan hasta el día
cuando glorioso
Jesucristo abrirá
las amplias puertas aún cerradas.

 

En mi recuerdo vive siempre  Pumanque, 
en la Quebrada Verde de La Viñita,
con mis amigos, la Nana y Lucho
comiendo aquellos coiles inolvidables,
maqui, boldo maduro, 
los deleitosos frutos de Chile puro.
Dulce Patria sagrada,
allá en Pumanque tan bien representada.

EL FALTE PRODIGIOSO

Hace siglos en Pumanque 
hubo un falte prodigioso.
Aquel hombre incomparable
poseía el portentoso privilegio 
de en el tiempo y el espacio
deambular según su antojo
Y si alguien le pedía  
la poción de Mesalina 
que animaba a sus galanes, 
o las joyas de Isabel 
o ladrillos de la Torre de Babel 
Todo ese y mucho más aquel hombre conseguía.
Una vez algún gracioso 
que le trajera manzanas del Paraíso exigió. 
Partió el buen falte a buscarlas…
y ya… nunca más volvió.    

 

 ENSUEÑO

 Pumanque en mi corazón
Pumanque en mi sentimiento.
¿Cuándo, cuando patria mía, reposaré yo en tu suelo?

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